Por primera vez en la provincia, la Justicia autorizó que un recién nacido fuera directamente con su familia adoptiva, evitando su institucionalización. El caso reabre el debate sobre los tiempos de la adopción en Argentina y el derecho de las mujeres a decidir.

Un precedente judicial sin antecedentes se registró en la provincia de San Luis, donde el Juzgado de Familia N.º 2 autorizó que un bebé fuera entregado a su familia adoptiva en el mismo momento de su nacimiento. La medida, impulsada por el juez Hugo Orozco, buscó evitar que el recién nacido atravesara un período de institucionalización en hogares transitorios, priorizando su derecho a crecer desde el primer día en un entorno familiar estable.
El proceso comenzó meses antes del parto, cuando la mujer gestante —en situación de vulnerabilidad— manifestó su decisión de no maternar y solicitó que su hijo pudiera encontrar un hogar definitivo. A partir de allí se activó un acompañamiento interdisciplinario con asistencia psicológica y médica para garantizar que la decisión fuera libre, informada y consciente, tal como exige la legislación vigente.
Al momento del nacimiento, autoridades judiciales se hicieron presentes en el hospital para formalizar la entrega a una pareja previamente inscripta en el Registro Único de Adoptantes. Sin embargo, el procedimiento respetó los plazos legales: la madre biológica contó con un período de reflexión de 45 días para ratificar o modificar su decisión. Cumplido ese plazo y tras un seguimiento semanal del vínculo, la Justicia otorgó la adopción plena.
Especialistas en derecho de familia señalaron que el fallo podría sentar un precedente relevante en el país, ya que actualmente muchos niños y niñas atraviesan períodos prolongados en instituciones antes de acceder a una familia definitiva. El caso abre una discusión sobre la necesidad de modernizar los procesos de adopción en Argentina, agilizando los tiempos sin vulnerar derechos.
El debate también incorpora una perspectiva de género: reconocer la autonomía de las mujeres para decidir no maternar, garantizar acompañamiento estatal en situaciones de vulnerabilidad y asegurar que el interés superior del niño sea el eje de cualquier resolución judicial.
Lo ocurrido en San Luis no modifica la ley nacional, pero marca un camino posible dentro del marco jurídico actual. Una decisión que, más allá de las discusiones que pueda generar, puso en el centro una pregunta clave: cómo garantizar que cada niño y niña tenga desde el primer día un entorno familiar estable, seguro y amoroso.


