La apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación Argentina dejó más confrontación que propuestas de consenso. El presidente Javier Milei volvió a elegir el tono de campaña por encima del institucional.
En un discurso extenso y cargado de agresividad verbal, Milei inauguró el período legislativo con fuertes descalificaciones hacia la oposición, gobernadores y sectores sindicales. Lejos de buscar acuerdos, reforzó la idea de que el Congreso es un obstáculo para su proyecto de reformas estructurales.
El mandatario defendió el ajuste fiscal como “éxito histórico” y prometió avanzar con reformas tributarias y cambios en el sistema electoral. Sin embargo, el clima en el recinto fue tenso. Legisladores opositores denunciaron que el discurso profundiza la polarización y debilita la institucionalidad democrática.
Más allá de los aplausos propios, el mensaje deja una pregunta abierta: ¿se puede gobernar un país en crisis permanente bajo una lógica de confrontación constante?
La política argentina parece entrar en una etapa donde el conflicto ya no es una consecuencia, sino una estrategia.



