Mientras el Gobierno insiste en que el ajuste era inevitable, crece el malestar social. Las reformas prometidas buscan consolidar el superávit, pero el impacto en la calle es evidente.

El presidente Milei reafirmó que el rumbo económico no se modificará. Menos gasto público, reducción del Estado y reformas estructurales son los pilares del modelo libertario.
Sin embargo, el clima social muestra otra cara: caída del consumo, tensión sindical y protestas sectoriales. En provincias como Mendoza, el impacto se traduce en comercios que venden menos y familias que ajustan gastos esenciales.
El debate ya no es técnico sino político: ¿el equilibrio fiscal garantiza desarrollo si el costo social es tan alto? ¿Cuánto tiempo puede sostenerse un modelo basado en shock sin generar fracturas más profundas?
El Gobierno apuesta a que los resultados llegarán. La sociedad, mientras tanto, espera señales concretas en su economía diaria.



