
En una jornada cargada de tensión política y judicial, la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner volvió a declarar en los tribunales de Comodoro Py por la llamada “causa Cuadernos” y dejó una definición clave: decidió no responder preguntas del tribunal.
“No voy a responder preguntas”
Durante su exposición, Cristina fue clara. Tras un extenso descargo, anunció que no contestaría el interrogatorio de los jueces, en un gesto político que marcó toda la audiencia.
Incluso ironizó sobre el procedimiento judicial y cuestionó el sentido de las preguntas iniciales, dando a entender que todo lo que se le consultaba ya era “público y notorio”.
En otro tramo, dejó una frase que sintetiza su postura:
“El día que llamen a declarar a Stornelli… voy a responder preguntas”, en referencia al fiscal de la causa.

Un discurso con fuerte contenido político
Lejos de limitarse a lo técnico, la exmandataria convirtió su declaración en un mensaje político.
Volvió a denunciar una “persecución judicial” y calificó la causa como un “disparate”, apuntando directamente contra jueces y fiscales.
También lanzó una advertencia fuerte:
“Con este Poder Judicial me puedo morir presa”, cuestionando la imparcialidad del sistema.
Cruce con el tribunal
El momento más tenso se dio cuando, tras negarse a responder preguntas, pidió retirarse de la sala.
El presidente del tribunal le respondió recordándole que estaban allí para garantizar un juicio justo, en un intento de marcar la autoridad judicial frente a su postura.
El intercambio dejó en evidencia el clima de confrontación entre la ex presidenta y el Poder Judicial.
Más que una declaración judicial
La decisión de no responder preguntas no es menor:
forma parte de una estrategia política y jurídica que busca cuestionar la legitimidad del proceso.
En ese sentido, la audiencia no fue solo un acto judicial, sino también un nuevo capítulo en la disputa entre el kirchnerismo y la Justicia, con fuerte impacto en el escenario político argentino.

