Del elogio a Thatcher al discurso soberanista: el llamativo giro de Milei sobre Malvinas

El Presidente anunció sanciones contra las petroleras que avanzan sobre el yacimiento Sea Lion y reforzó el discurso de soberanía. Las medidas apuntan a un problema real y grave, pero llegan después de años de posiciones ambiguas del propio Milei y justo cuando necesita recuperar respaldo político de cara a 2027.

Que las Islas Malvinas son argentinas no es una consigna de campaña, ni patrimonio de un gobierno, ni una bandera que pueda sacarse del cajón cuando las encuestas empiezan a incomodar. Es una política de Estado, un mandato constitucional y una causa atravesada por la memoria de los 649 argentinos que murieron durante la guerra de 1982.

Por eso, las medidas anunciadas por Javier Milei contra la explotación petrolera británica en el Atlántico Sur pueden ser necesarias y hasta recibir apoyo transversal. Lo que resulta difícil de ignorar es el momento elegido y la espectacular transformación discursiva del Presidente.

El mismo mandatario que durante años expresó públicamente su admiración por Margaret Thatcher —la primera ministra que ordenó la respuesta militar británica en 1982— apareció ahora en cadena nacional hablando de soberanía, recursos argentinos, defensa nacional y de una Gran Bretaña “en declive”.

No es un detalle menor.

En 2024, Milei seguía defendiendo su admiración por Thatcher y llegó a señalar que una visita del entonces canciller británico David Cameron a las islas no constituía una provocación y que tenía “todo el derecho” a realizarla porque el territorio estaba bajo control del Reino Unido. También había planteado una estrategia orientada a convencer a los habitantes de las islas para que algún día eligieran acercarse a la Argentina, una formulación cuestionada porque se aproximaba al argumento británico de la autodeterminación de los isleños.

Ahora el libreto cambió de manera sustancial.

Sea Lion: el problema existe y Argentina debe actuar

Sería equivocado minimizar el motivo que disparó la reacción argentina. El proyecto Sea Lion, ubicado al norte de las Malvinas, constituye un desafío concreto para los intereses nacionales.

El yacimiento es operado por Navitas Petroleum, con sede en Israel, junto con la británica Rockhopper Exploration, y las estimaciones disponibles hablan de alrededor de 1.700 millones de barriles de petróleo. Argentina considera ilegales esas actividades porque se realizan sin autorización nacional en un espacio cuya soberanía está en disputa.

Milei anunció que enviará al Congreso una iniciativa para aumentar las sanciones contra las compañías involucradas, extenderlas a proveedores y otros participantes de los proyectos y fortalecer las herramientas jurídicas disponibles. También prometió más recursos para una base naval en Tierra del Fuego y la creación de un Consejo de Seguridad Nacional.

Hasta ahí, defender los recursos del Atlántico Sur es una decisión que merece respaldo.

De hecho, en Mendoza, el presidente de la Asociación Cuyana de Veteranos de Malvinas, Oscar Barrios, celebró que la cuestión vuelva al centro de la agenda y respaldó las medidas destinadas a impedir que los recursos sean explotados sin consentimiento argentino.

El problema no es defender Malvinas. El problema es pretender que nadie recuerde lo ocurrido antes.

¿Convicción soberana o extraordinario sentido de la oportunidad?

El giro llega, además, en un momento político especialmente conveniente para el Gobierno.

Reuters señaló que Milei se encamina hacia las elecciones presidenciales de 2027 con una aprobación de 36,8% en una medición de agosto, y recogió análisis que relacionan el endurecimiento de su posición con ese deterioro y con las recientes declaraciones de Donald Trump sobre una eventual revisión de la tradicional neutralidad estadounidense en la disputa.

Es decir, Milei no modificó su discurso en el vacío.

Lo hizo inmediatamente después de que su principal aliado internacional dejara entrever que Estados Unidos podría revisar su posición frente al conflicto. El propio Presidente convirtió esas palabras de Trump en uno de los argumentos centrales de su cadena nacional. Sin embargo, hasta ahora Washington no anunció formalmente un reconocimiento de la soberanía argentina sobre Malvinas.

La distancia entre una frase de Trump y un cambio diplomático de Estados Unidos es enorme.

Y resulta por lo menos llamativo que una causa que debería sostenerse con independencia absoluta de los humores de Washington aparezca nuevamente jerarquizada cuando el presidente norteamericano abre una oportunidad geopolítica.

Tampoco todo empezó con Milei

Otro elemento que merece ser dicho es que algunas de las iniciativas presentadas como parte del nuevo despliegue soberano no nacieron ahora.

Las sanciones contra empresas que explotan hidrocarburos sin autorización argentina ya cuentan con respaldo legal, mientras que la construcción de la base naval integrada en Tierra del Fuego había comenzado a proyectarse durante la administración anterior. El propio anuncio actual plantea ampliar o acelerar mecanismos existentes.

Eso no invalida que un gobierno pueda profundizarlos.

Pero sí obliga a poner en perspectiva la puesta en escena.

Porque hay una diferencia enorme entre continuar una política de Estado y presentarse repentinamente como su descubridor.

Malvinas es demasiado importante para convertirla en marketing político

La Argentina tiene razones históricas, jurídicas, geográficas y diplomáticas para sostener su reclamo. También tiene derecho a cuestionar la explotación unilateral de los recursos naturales en una zona cuya soberanía continúa en disputa.

Precisamente por eso Malvinas merece algo mucho más serio que una operación de imagen.

Si el cambio de Milei es genuino, deberá demostrarse mucho después de que termine esta cadena nacional: con una estrategia diplomática sostenida, presión internacional, inversión real en defensa y presencia científica y logística en el Atlántico Sur, continuidad institucional y políticas que no dependan de si Donald Trump está enfrentado o reconciliado con Londres.

La defensa de la soberanía no puede variar según la conveniencia internacional ni según lo que indique una encuesta.

Las Malvinas no necesitan que Milei se vuelva malvinero por una temporada. Necesitan que el Estado argentino sea malvinero siempre.

Y en eso, por suerte, la causa está muy por encima de cualquier presidente.

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