Ni Una Menos: salir a la calle para construir una sociedad libre de violencias

Este 3 de junio se cumplen once años del primer grito colectivo de Ni Una Menos, un movimiento que nació del dolor, la indignación y la necesidad urgente de decir basta a las violencias machistas.

A más de una década de aquella histórica movilización, las razones para seguir ocupando las calles siguen vigentes. Los femicidios, los intentos de femicidio, la violencia psicológica, económica, simbólica y sexual continúan formando parte de una realidad que afecta a miles de mujeres y diversidades en todo el país.

Por eso, este miércoles, una vez más, la convocatoria es clara: salir a la calle, encontrarnos, hacernos visibles y reafirmar que la lucha sigue siendo necesaria.

Pero la construcción de una sociedad más justa no puede recaer únicamente sobre quienes sufren las violencias. También es tiempo de interpelar a los varones y reflexionar sobre el lugar que ocupan en este proceso de transformación.

La violencia de género no es un problema individual ni exclusivo de las mujeres. Es una problemática social que requiere el compromiso de toda la comunidad. Y en ese camino, los varones tienen una responsabilidad fundamental: revisar conductas, cuestionar privilegios y animarse a señalar aquellas actitudes violentas que muchas veces se naturalizan en los grupos de amigos, en los espacios de trabajo, en los clubes o en la vida cotidiana.

El cambio comienza cuando se deja de guardar silencio frente al comentario machista, frente a la humillación disfrazada de chiste, frente al control ejercido sobre una pareja o frente a cualquier forma de violencia que durante años fue tolerada o minimizada.

Hablar entre pares, cuestionar comportamientos y acompañar procesos de deconstrucción también es una forma de militancia. No se trata de señalar desde un lugar de superioridad, sino de asumir que todos y todas somos parte de una sociedad que necesita cambiar.

Ni Una Menos es memoria, es reclamo y es presencia colectiva. Pero también es una invitación permanente a construir vínculos más sanos, relaciones más igualitarias y comunidades donde la violencia deje de ser una realidad cotidiana.

Hoy, una vez más, las calles serán el lugar del encuentro. Porque cada voz cuenta. Porque cada presencia importa. Porque frente a la violencia, el silencio nunca puede ser una opción.

Ni una menos. Vivas, libres y sin miedo nos queremos.

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