
El Gobierno nacional celebró en los últimos días una desaceleración de la inflación, luego de que el índice de abril marcara una suba del 2,6%, el registro más bajo de los últimos meses. Desde la administración de Javier Milei aseguran que el dato representa una señal positiva del rumbo económico y destacan que la inflación interanual descendió al 32,4%.
Sin embargo, mientras el oficialismo intenta consolidar el discurso de estabilización económica, distintos sectores advierten que la caída de la inflación todavía no se traduce en una recuperación real del bolsillo de los argentinos.
Economistas y consultoras privadas señalan que los salarios continúan perdiendo frente al costo de vida y que el consumo interno sigue mostrando signos de debilidad, especialmente en comercios minoristas y pequeñas empresas.
En paralelo, el Gobierno busca sostener el equilibrio fiscal como uno de los pilares centrales de su gestión. En ese marco, el Ministerio de Economía confirmó que abril volvió a cerrar con superávit financiero, algo que el oficialismo considera clave para mantener el control de la inflación y la estabilidad cambiaria.
No obstante, la situación económica continúa generando tensión social y política. En las últimas semanas crecieron las protestas universitarias contra el ajuste presupuestario y también surgieron cuestionamientos desde distintos sectores por la caída de la actividad económica y el empleo.
Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la desaceleración inflacionaria pueda convertirse en una mejora concreta del poder adquisitivo antes de que se intensifique el clima electoral rumbo a 2027.
