La tierra no se vende: el jueves el Congreso decidirá si la soberanía argentina tiene precio

El próximo jueves el Congreso volverá a discutir una de las iniciativas más controvertidas del gobierno nacional: la reforma de la Ley de Tierras. Detrás del discurso oficial sobre la defensa de la propiedad privada, el proyecto vuelve a poner en el centro una pregunta que atraviesa la historia argentina: ¿quién puede ser dueño del territorio nacional?

Para amplios sectores políticos, sociales y productivos, la iniciativa representa mucho más que una modificación legal. Significa un nuevo paso hacia la flexibilización de los límites que históricamente protegieron las tierras rurales frente al avance del capital extranjero.

La Ley 26.737 fue sancionada para establecer restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros, especialmente en zonas estratégicas, con recursos hídricos o cercanas a fronteras. Ahora, el oficialismo impulsa cambios que, según sus críticos, debilitan esas barreras y facilitan una mayor concentración de la tierra.

La discusión no es menor. Argentina posee una de las mayores reservas de agua dulce del mundo, enormes extensiones de tierras fértiles, recursos minerales estratégicos y ecosistemas únicos. En ese contexto, la propiedad de la tierra deja de ser un simple negocio inmobiliario para transformarse en una cuestión de soberanía.

Los defensores del proyecto sostienen que eliminar restricciones permitirá atraer inversiones y generar desarrollo. Sin embargo, quienes se oponen advierten que ningún país serio entrega sin límites el control de sus recursos estratégicos y que abrir aún más el mercado de tierras podría favorecer procesos de extranjerización difíciles de revertir.

La experiencia demuestra que cuando grandes extensiones quedan en manos de pocos propietarios, el impacto no es únicamente económico. También condiciona el acceso al agua, modifica el uso del suelo, afecta a las comunidades rurales y limita la capacidad del Estado para planificar el desarrollo territorial.

Mientras millones de argentinos enfrentan dificultades para acceder a una vivienda o producir en pequeñas escalas, el Congreso se dispone a debatir una norma que, según sus detractores, podría facilitar que actores con enorme poder económico amplíen su control sobre uno de los bienes más valiosos del país: la tierra.

El jueves no se discutirá solamente una ley. Se debatirá qué modelo de país se quiere construir. Uno donde la tierra sea considerada un activo financiero más o uno donde siga siendo un recurso estratégico cuya protección forme parte de una política de Estado.

Porque una vez que la tierra cambia de manos, recuperarla ya no depende de un voto en el Congreso. Depende de décadas de decisiones políticas, económicas y judiciales que pocas veces vuelven atrás.

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